“Esperamos que venga el que camina junto a nosotros”
Comienza un año litúrgico, el Ciclo C. El Evangelio que nos
acompañará en el curso de este año es el de S. Lucas.
La Iglesia acoge la ocasión de estos momentos fuertes, de un
año litúrgico a otro, para invitarnos a detenernos un instante a observar
nuestro rumbo, a plantearnos algunas preguntas : “ ¿ Quiénes somos? ¿De dónde
venimos ¿ Y sobre todo , ¿ adónde vamos?
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En las lecturas de la Misa del primer Domingo,
todos los verbos están en futuro. Las palabras de Jeremías son de espera del
Mesías.
El pasaje evangélico le da un contenido nuevo, el
Mesías ha venido y esperamos su retorno glorioso. Este retorno
está lleno de imagines apocalípticas, de catástrofes que nos hablan de un final, pero este final
no acaba en el vacío sino en un encuentro, un encuentro con aquel que nos ha
creado y nos ama más que un padre y una
madre.
En la Carta a los a los Hebreos se nos dice refiriéndose a
Jesús : “Él se ha manifestado una sola vez en el momento culminante de la
historia, para destruir al pecado con el sacrificio de si mismo…… El destino de
los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte el juicio. … La
segunda vez aparecerá, sin ninguna
relación al pecado, PARA SALVAR DEFINITIVAMENTE A LOS QUE LE ESPERAN “
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El que esperamos viene a decirnos “ Venid bendito de mi Padre” Y nos hará entender que
la misericordia que ha volcado sobre nosotros la hemos volcado en los demás,
por eso “Venid”…
Y le responderemos sin miedo : ¡Ven, Señor Jesús¡
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ADVIENTO es toda la vida. ¡La vida es espera¡ pero es también cierto lo contrario:¡la
espera es vida¡ (P.Raniero Cantalamessa ) El que no espera nada se puede decir
que ha muerto.
El peligro está en dormirnos en la espera,
como las vírgenes necias.
Dice el Evangelio del primer Domingo de
Adviento ”Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el
libertinaje, por la embriaguez y por
las preocupaciones de la vida….Estad en vela, pues, orando en todo tiempo…”
El peligro de la mundanidad de que nos
habla el Papa Francisco nos acecha.
Es un mal que enferma el alma, hace perder
la conciencia de la realidad… es la anestesia del alma. Con el corazón mundano
no se puede entender lo que necesita el otro, como le pasaba al rico Epulón.
Los mundanos, en verdad están solos en su egoísmo.
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Muchas veces hemos visto a los niños esperar a
sus padres, cuando se abre la puerta del Colegio. Aunque haya mucha gente
esperando los distinguen rápidamente y les extienden los brazos. Si se atrasan se les hace la espera
interminable ¡Cuánto sufren ¡
La espera aunque sea corta siempre se hace
un poco larga por la vehemencia del amor…
Nuestra vida debería ser un vehemente ¡VEN
¡ si vivimos en el amor.
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En los Domingos sucesivos de Adviento
escucharemos a Juan Bautista que nos habla
diciendo que Jesús está en medio
de nosotros. ¡En medio de nosotros HAY
UNO A QUIEN NO CONOCÉIS”.¡
Está en medio de nosotros no sólo en la
Eucaristía, en la Palabra de Dios, en los pobres, en la Iglesia… sino que, por
la gracia, vive en nuestros corazones y
el creyente lo experimenta. (Cfr. P. Raniero Cantalamessa)
Vivir entre nosotros y ¿ no reconocerlo?. Es en la oración donde Él nos hace caer en la
cuenta de que está, de que camina junto a nosotros.
Nadie como María, su bendita Madre, la que
guardaba todo en su corazón, nos puede despertar el deseo de reconocerlo, de
esperarlo y de recibirlo como los niños reciben a sus padres …con un ardiente
¡Ven ¡
Preguntas para la reflexión
2. Esta venida está precedida de una
espera ¿Cuáles son los peligros que nos
pueden acechar en esta espera?
3. ¿Qué te sugiere la palabra ¡Ven ¡
4.Le esperamos y a la vez está con nosotros.
Puede que no le reconozcamos. ¿Es mi oración un” tiempo de encuentro” que me
indica su presencia concreta en mi vida?
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